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Por la LIE y por El Niágara

Por el Profr. Gustavo Meza Medina.

Todo sobre el Encuentro Académico Nacional anual.
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Los estudiantes del quinto semestre de la Licenciatura en Intervención Educativa Línea Educación para las Personas Jóvenes y Adultas en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 011, Aguascalientes, se han propuesto ir más allá de la teoría en su curso de Investigación-Acción-Participativa (IAP). Con ese fin, decidieron acercarse a la comunidad rural de El Niágara, ubicada a unos kilómetros de la capital del estado de Aguascalientes para llevar a cabo un proceso de investigación junto con la comunidad.

Desde el principio del curso, en agosto del 2009, realizaron visitas a la comunidad en más de diez ocasiones. Algunas de ellas, simplemente para platicar con las personas, otras para colaborar con ellas en trabajos de reforestación de un parque, o para limpiar el terreno de basura y arbustos. También, ¿por qué no? ayudar en la preparación de un festival de fin de cursos y la celebración del aniversario de la Revolución Mexicana que coincide con el aniversario de la fundación de la comunidad, en donde presentaron un bello espectáculo de bailes de salón, una rondalla y una pequeña obra de teatro con el tema de la revolución. Con el mismo entusiasmo que mostraron en cada actividad, apoyaron también en una posada que se organizó toda la población en el mes de diciembre con bolos, regalos y una pastorela. La comunidad respondió en todo, con su asistencia, entusiasmo y participación. En reciprocidad ofrecieron en ocasiones tamales, pozole y atole que aceptamos con agradecimiento.

El objetivo del trabajo se cumplió, tanto desde la perspectiva del curso como de la comunidad. De parte de los estudiantes, además de revisar textos sobre el tema de la IAP, dialogar sobre la metodología y discutir en clase la programación de cada sesión de trabajo en la comunidad, es decir, de adentrarse en la teoría necesaria para comprender las implicaciones de esta peculiar manera de realizar investigación; tuvieron la oportunidad de poner en práctica la teoría y llevar a cabo (tal vez sólo como inicio) actividades encaminadas a promover un proceso de investigación-acción-participativa. Esto les permitió comprender mejor los contenidos teóricos del curso y contar con evidencias de las bondades y dificultades de la IAP. Lo aprendido en las aulas se llevó a una situación real donde los estudiantes hicieron contacto con las personas de la comunidad, con la sonrisa empolvada de los niños, con las manos encallecidas por el trabajo duro del campo en los adultos y ancianos, con el rostro requemado por las tareas empapadas de sol de las señoras y con el aire, el frío y el calor que se respira más allá del asfalto y los gises.

Confiamos en que los estudiantes lograron avanzar en diversas competencias que serán herramientas valiosas para su labor como interventores educativos. Algunas fueron la de organizarse en equipos y en grupo, programar actividades, llevarlas a cabo y resolver los imprevistos; conversar con la gente de la comunidad, dirigir una sesión de trabajo (para cada sesión en la comunidad uno de ellos asumía el compromiso de ser coordinador); observar, describir, y escribir el momento vivido en la comunidad (por equipos hicieron un reporte de cada sesión con lo observado, entrevistas y fotografías) y aprender a valorar los problemas, sensaciones y motivaciones de los jóvenes y adultos en la zona rural.

Por parte de la comunidad de “El Niágara”, a juzgar por su participación y los gestos de aprobación en las actividades realizadas, la Investigación-Acción- Participativa que promovieron los muchachos de la LIE, les dejó, además de agradables momentos y algunas acciones en beneficio de la comunidad, la inquietud de que son muchos los retos para mejorar en sus casas, sus calles, la escuela, los parques, la iglesia, la presa, los terrenos, las divisiones familiares, los emigrantes, etc., y lo más importante, que deben unirse y organizarse ellos mismos para solucionar sus problemas.

Como en todo trabajo, en estos seis meses compartidos entre la comunidad y los estudiantes de la UPN, se vencieron diversos obstáculos en cada sesión de clase y en cada día de trabajo en la comunidad. Para los estudiantes no fue fácil realizar las visitas (para cada una de ellas tenían que pagar entre todos el transporte y además preparar y costear el material para la comunidad) y al mismo tiempo hacer lecturas y trabajos de esta materia y de todas las demás, -pues las clases en sus aulas continuaron de manera normal, no sin crítica de algunos observadores-. Tampoco fue fácil para la comunidad de “El Niágara” acercarse, convivir y trabajar por una causa común con los estudiantes de la UPN. El trabajo, finalmente llegó a buen término.

Sin embargo, estamos conscientes de que lo realizado es sólo el inicio de un proceso que puede ser largo y difícil, el de la transformación de un pueblo que ha sufrido, que sufre de injusticias, abandono y pérdida; y que debe hacer mucho para solucionar sus problemas históricos y cotidianos. Tendrán que caminar ahora por su cuenta o con el apoyo de otros grupos o personas. El trabajo de los estudiantes termina ya. Pero, antes de hacerlo, como un deber que la metodología de Investigación-Acción-Participativa les manda, y el gran Paulo Freire les ordena, deben, antes de retirarse de la comunidad, devolver por escrito algo de la experiencia iniciada, para que ellos, los niños, jóvenes, señoras y señores y autoridades, continúen el proceso iniciado, hasta que se hagan realidad sus sueños de mejora y transformación.

Por eso han creado un libro. Este que usted tiene en sus manos. En estas páginas encontrará varias secciones: Las experiencias de los estudiantes, de los que asumieron el rol de coordinadores, de relatores; los que se convirtieron en actores, bailarines o cantantes como un reto para cumplir su misión. Es un árbol frondoso de experiencias sentidas y vidas encontradas. Salvo la última parte donde se narra sesión por sesión el trabajo realizado, no tiene un orden secuencial. Obedece a los recuerdos y las emociones y así se plasman por escrito.

Si tiene oportunidad de leerlo, lo encontrará fresco, juvenil y emotivo. Tiene además otras bondades, es, en sí, un reporte de investigación cualitativa que da cuenta de planes, acciones, procesos de seguimiento y evaluación, además de mostrar una intención clara: Que la experiencia sea compartida y que la conserven las personas de El Niágara, los estudiantes de la LIE y quede como evidencia de lo que se puede realizar en un curso de Investigación-Acción-Participativa cuando se pone en el todo el entusiasmo que merece.

Este libro El Niágara, Comunidad en Transformación, que con apoyo del observatorio cultural Abrapalabra han editado los estudiantes, les deberá recordar el compromiso asumido por todos: Educar y transformarnos.

El jueves 21 de enero e 2010, los estudiantes cumplieron con el compromiso final y les regresaron impreso en libro a toda la comunidad de El Niágara, la palabra, las acciones y todas las experiencias que tienen que ver con ellos, con su comunidad y por supuesto también con los estudiantes de la UPN. La comunidad lo recibió en sus propias manos: las señoras, señores y niños hojearon asombrados y emocionados lo que desde el inicio les pertenece. La experiencia de ser y verse dibujados en un libro que conserva su identidad para esta y las futuras generaciones.

Con esa emoción que ahora tienen estos chicos, el viernes 22 de enero se presentaron en el programa de radio Horizontes Educativos, de la Unidad 011 de la UPN que se transmite por Radio UAA. Fue un gusto oír hablar a los jóvenes como ellos lo hacen.

Para cerrar la experiencia, celebraron juntos con sus compañeros, toda la comunidad universitaria de la UPN 011 y como invitados especiales, estuvieron las personas de El Niágara. Todos celebramos la experiencia de Investigación-Acción-Participativa en la presentación del libro que se realizó el martes 26 a las 6 de la tarde en el auditorio que comparten el CRENA y la UPN.

Para conocer un poco sobre la comunidad donde se llevó a cabo la experiencia de IAP, les comparto una breve reseña histórica de la comunidad de El Niágara. Con este fin, recuperamos un texto publicado el 23 de noviembre de 2009 en la columna “Y Hablando de…” de un servidor, en el diario El Sol del Centro.

El 19 de noviembre de 1940, el presidente Lázaro Cárdenas otorgó por fin las tierras por tantos años solicitadas por los habitantes de El Niágara. Fue un acto de justicia revolucionaria que les debían. Desde entonces y cada año celebran este acontecimiento junto con la fiesta de la revolución el 19 y 20 de noviembre. Varias fueron las familias fundadoras, entre ellas Los Murillo, los Carmona, los Díaz, los Rivera, los Martínez y los Saucedo.

En la reseña histórica del Ejido El Niágara, escrita por el señor Manuel Díaz Martínez, valioso manuscrito sobre la historia de la comunidad, con información estadística, nombres y acontecimientos sobresalientes hasta el año de 1992, se muestra el proceso vivo de una comunidad que ha caminado, no sin tropiezos pero con valentía. De ese documento hemos tomado algunos datos para presentar esta breve semblanza.

En aquellos años de las aguas cristalinas del río San Pedro existía una cascada en lo que el pueblo conocía como “Los Peñascos”. Con esas aguas fue bautizado, -desde antes de ser ejido- como El Niágara. Tal vez en remembranza y recuerdo de todos los jóvenes y adultos que se van a trabajar “al norte”, le pusieron el nombre de la grandiosa cascada que comparten Canadá y Estados Unidos.

Desde el principio, la Revolución Mexicana les dio las tierras y ellos las hicieron florecer para vivir en ellas por el amor al campo, la agricultura, la ganadería y la familia noble y trabajadora. Para crear el ejido se tomaron propiedades de la Hacienda del Niágara, propiedad de la señora María Guadalupe Gutiérrez viuda de Romo y del rancho San Cayetano del señor Alfredo Alba. Al recibir el ejido, los nuevos dueños, encontraron a la hacienda en ruinas y abandonada. Esto fue el resultado de los ataques que en 1926, -en plena guerra cristera que invadió la región-, realizó el cristero José Velasco. La hacienda fue incendiada y destrozada gran parte de la construcción. Los propietarios huyeron de lo que de hacienda quedaba para protegerse de los ataques. Después de 14 años los habitantes de El Niágara la recibieron de parte del presidente de la república como ejido. Le devolvieron el color y la vida y comenzaron a construir su pueblo.

Sin embargo, cuatro años después, en 1944, los antiguos propietarios se acordaron de su hacienda y la reclamaron ante la Suprema Corte de Justicia, la que injustamente les devolvió el 11 de febrero. Los ejidatarios tuvieron que abandonar por un tiempo sus hogares conquistados para vivir en jacales de zacate en las orillas.

Con paciencia, esfuerzo y esperanza, el pueblo recupero sus logros y siguió la historia para continuar la construcción de sus hogares y sus vidas. En 1948, lograron el apoyo de la SEP para que a través de la Dirección Federal de Educación en el estado se les autorizara la apertura de una escuela rural. En mayo del siguiente año, la maestra Eloísa Durón Martínez Comenzó su misión en la comunidad como maestra federal de Alfabetización.

En junio de 1955, autoridades federales comenzaron las gestiones para construir una presa en terrenos del ejido. La obra traería beneficios a la comunidad… eso dijeron. Se construyó una carretera de terracería de tres kilómetros y medio para facilitar los trabajos y comunicar al ejido con Villa Hidalgo. Junto con los inicios de la construcción de la presa comenzaron las preocupaciones para una parte de la población, particularmente la que habitaba en los alrededores del casco de la hacienda y en el rancho San Cayetano como fue el caso de Eusebio Martínez y su familia, pues con la presa, sus casas y establos quedaría sepultados bajo las aguas para siempre.

En 1962 se concluyó la construcción de la presa y dejó (igual que años atrás la “Presa Calles” en el poblado de San José de Gracia) nostalgia, llanto y despojo. Muchos tuvieron que emigrar del ejido antes de que les llegara el agua. “Don Chebo” que se resistía a abandonar su hogar en el rancho San Cayetano tuvo que llevar a su familia a la colonia Curtidores; otros se fueron a Las Flores, a Las Víboras o construyeron sus casas alejadas de la presa.

En octubre de 1964, Adolfo López Mateos, presidente de la república, y el profesor Enrique Olivares Santana, gobernador de Aguascalientes inauguraron la presa que invadió 73 hectáreas del ejido y dejó inundados todo el rancho San Cayetano, y el casco de la hacienda que aún siguen ocultos debajo de las aguas de la presa que nació con injusticias y ya contaminadas su aguas, no le ha devuelto a la comunidad del Niágara sus favores.

El pueblo, de cualquier manera sobrevive y sigue en busca de sus sueños. Así hizo El Niágara y continuó su historia al margen de la presa y a pesar de ella, pues todavía en la actualidad, aún no pueden gozar de sus beneficios de riego como lo hacen por ejemplo la comunidad de El Salto de los Salado, e incluso otras localidades de Jalisco y San Luis Potosí.

Años después, en 1970 llegó la electricidad a la comunidad y en 1976 se hizo un puente para cruzar el río San Pedro y para comunicar a la comunidad con El Salto de los Salado. En 1977 se contó con agua potable y por gestiones de don Juan Rivera Romero, comisario ejidal primero y ahora comisario municipal, la comunidad pudo contar con servicio de telefonía rural.

Siguieron los esfuerzos para aprovechar los recursos naturales, adaptarse a las circunstancias adversas, defenderse de las amenazas y ambiciones desarrollistas y luchar por el camino en busca del bienestar comunitario. Aunque varios de los jóvenes y señores se han tenido que ir a buscar el pan en el país vecino, dejando a sus familias en la comunidad; aunque la presa contamine el ambiente y el agua tratada que produce no pueda ser aprovechada por los campesinos de El Niágara, aunque proyectos van y vienen con promesas de apoyos y desarrollo. La comunidad sigue sobreviviendo con pobrezas y llena sus momentos de felicidad con el placer de las actividades cotidianas y en el arte de la charrería, gusto, disciplina y pasión en la que han sabido sobresalir.

Así, la comunidad de El Niágara recibió generosa a los estudiantes de la UPN, y celebró con ellos sus fiestas. Juntos, estudiantes, profesores y comunidad, hemos compartido los esfuerzos por ser y vivir mejor cada día. Doña Antonieta, líder del grupo de la tercera edad, don Gerardo, comisario ejidal y don Juan comisario municipal fueron cabeza de este esfuerzo que ahora coronamos con este libro para que la memoria no se pierda y el compromiso no se olvide.

Esta es la comunidad que tanto dio a los alumnos de la UPN. Debemos decir que El Niágara tiene una historia que recobrar y muchos retos para sobrevivir. Su gente es valiosa y debe construir su futuro. Confiamos que esta breve experiencia con los alumnos de la UPN los haya motivado a buscar caminos entre las piedras para vivir cada día mejor.
A los alumnos de la LIE-EPJA, de la UPN011, mis alumnos, debo decirles que el curso de IAP que compartimos juntos, ha sido, además de interesante, emotivo y productivo. Una muestra es este libro que con el esfuerzo de todos hemos logrado. ¡Animo siempre! Y recuerden que todas las experiencias nos forman para asumir con responsabilidad nuestros compromisos. Defiendan y luchen por sus sueños. De mi parte me siento orgulloso de haberlos tenido como alumnos y ¿por qué no? también como colegas y amigos.

 

 

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